Presentar a un profundo pensador, filósofo, maestro y escritor no es una tarea fácil, especialmente cuando la persona a la que concierne no es otra que Swami Dayananda Saraswati. Desde sus humildes comienzos en la pequeña aldea de Manjakkudi en las riberas del río Kaveri en el año 1930, a pasar a ser un renombrado líder espiritual mundial, maestro de vedanta, no es en sí un pequeño logro.
A esto se le suma su participación como orador eminente en foros de las Naciones Unidas (ONU) y otros foros internacionales, además su contribución singular de más de 300 discípulos dedicados a la tradición de enseñanza, «parampara», de Vedanta, fundador de Arsha Vidya Gurukulams (instituciones de esta enseñanza) en la India y en EEUU, con estudiantes extendidos por todo el mundo, desde Australia hasta Sudamérica, desde Canadá y los EEUU hasta las Islas Reunión y la lista no sería para nada exhaustiva. Llenaríamos una página entera con sus logros y todavía nos quedaríamos cortos para poder presentar una imagen completa de una de las personalidades más versátiles de la actualidad.
Swami Dayananda no cree en una organización centralizada, animando a su gran círculo de discípulos y devotos a pensar por ellos mismos, a ser quienes son. Él dice, «sólo cuando damos libertad a otros, realmente nos hacemos nosotros libres». Su compromiso con la visión del vedanta se revela por sí mismo en todas sus iniciativas y actividades, sean éstas en los centros de enseñanza, en la federación de líderes religiosos hindúes, en sus organizaciones benéficas o en sus muchos proyectos sociales y culturales. Ni una sola vez Swami Dayananda, la persona, se entromete, tal es su constante y férrea determinación en establecer la gloria de la cultura espiritual humana. El poder de sus conceptos y su excelencia en comunicar inspiran y empujan inexorablemente y gentilmente a cada persona para que den lo mejor de sí mismos.
A Swami Dayananda Saraswati le gusta ser descrito como maestro tradicional de vedanta, un eslabón en una larga tradición ininterrumpida desde los rishis (sabios) —primeros sabios, videntes— hasta ahora. Enraizado en la riqueza de la tradición, aún contemporáneo en su enfoque y su modo de pensar, continuamente edita su estilo de enseñanza para asegurar que la visión del vedanta se comunica con claridad.
Le hacen el mayor maestro vivo de vedanta su lógica impecable, análisis brillante y erudición, el uso preciso del lenguaje junto con su sentido del humor sincero como el de un niño. No hay nadie que iguale su habilidad para hacer que la audiencia vea tan claro como él lo hace. Inequívocamente dice: «No hay un Dios, sólo hay Dios. Por lo tanto, no hay nada secular, todo lo que hay aquí es Īśvara (Dios)». Su mensaje es la antigua sabiduría de los rishis védicos: Tú, el ser, eres el Todo, aún te sientes pequeño, limitado sólo porque no conoces la realidad de ti mismo, de quien eres en realidad. Entonces necesitas el conocimiento del sí mismo para erradicar esta ignorancia. Para lo cual dice, necesitas un maestro que conozca los textos y que pueda usar las palabras habilidosamente. Como un gran artista que revela la visión pincelada a pincelada, Swami Dayananda es un maestro de maestros. Él enseña la verdad más profunda haciendo llegar los conceptos con un lenguaje tan sencillo que mantiene a su audiencia encandilada. A él se le encuentra en su hogar con gente de todas las edades y culturas.
El genio de Swamiji no está restringido a la enseñanza de vedanta sino que le conduce a esferas que impactan a la humanidad como totalidad. Es precisamente su humanidad y empatía por todas las culturas que hace que rotundamente declare que todas las civilizaciones y toda forma de cultura necesitan ser preservadas, nutridas y apreciadas ya que el mosaico de la civilización humana enriquece la vida como manifestación del espíritu universal. La angustia de Swami Dayananda es la pérdida de las grandes civilizaciones del pasado tales como la egipcia, griega, azteca y otras más que le hacen intensamente consciente de la necesidad para preservar y cultivar la diversidad de la cultura humana. Él está más acertado que nunca en que no hay lugar en el orden de las cosas para la agresión de la religión y la cultura. Todas las formas de cultura son igualmente válidas y necesitan ser respetadas. Esto le hizo en julio de 1999 declarar que la conversión religiosa/cultural, de cualquier forma, es violencia. Fue esta una declaración épica, tal que encontró ecos en universidades y entre otros pensadores y líderes espirituales.
Los esfuerzos de Swamiji iluminan la riqueza del dharma hindú, uniendo a todos los mathadhipatis tradicionales y mandaleswars (líderes de organizaciones religiosas hindúes —«acharyas»—) bajo el paraguas del Sabha Acharya Dharma Hindú (concilio de los acharyas del dharma hindú). Fue un acto primero en la historia de esta religión.
Viajando incansablemente por el país, reuniéndose personalmente con líderes de varias mathas (instituciones fundadas por el acharya, Adi Shankara), les convenció de la importancia de fundar un órgano que fuese la voz oficial de la consciencia hindú. En las reuniones del Sabha, él se aseguró de que los líderes espirituales recibieran el respeto que les era debido, facilitando asiento apropiado en el estrado mientras él se sentaba en el hueco grabando lo que sucedía. Fue este un momento de humildad para aquellos que reverenciaban a Swamiji ya que aquello mostró el poco peso con el que lleva su erudición. Nunca trata de proyectarse a sí mismo, él no tiene una agenda para sí. Su preocupación primero y ante todo es únicamente hacia el fortalecimiento del dharma hindú. Tanto como comunicador del Sabha como su independiente capacidad como pensador, escritor y maestro de vedanta, Swami Dayananda ha dado discursos en varios foros internacionales incluyendo La Cumbre del milenio de religiones del mundo, Naciones Unidas en el año 2000.
La década siguiente fue testigo del creciente impacto internacional de la visión de Swami Dayananda. En cada conferencia global, su inquebrantable compromiso de establecer y promover el entendimiento mutuo y el respeto por todas las religiones dejó su imborrable marca en resoluciones aprobadas. Hay muchos ejemplos desde declarar que la conversión es violencia, a los Diálogos hindú-judíos, donde Swamiji fue capaz de hacer entender a los rabinos que los hindúes creen y adoran al único ser superior aunque invoquen al ser en diferentes formas. Hinduismo no es una religión idólatra como es la errónea generalizada idea que ha impuesto desastrosas consecuencias al país y sus gentes a lo largo de toda su historia. Esto no fue diferente con el diálogo hindú-budista. Líderes de ambas religiones acordaron que la sabiduría oriental debe unirse para equipararse y ser tratada a la par con las demás grandes religiones del mundo. La culminación de estas afirmaciones fue en La Convención de la Haya (Países Bajos) desde donde jugó un papel decisivo en reasegurar que las cláusulas que redefinían los derechos humanos fueran incluidas en su documento final. Estas cláusulas subrayan la necesidad de paz y armonía a través de la cooperación y respeto mutuos, lo que significa explícitamente que la conversión religiosa es contraria al respeto espiritual mutuo, y que no puede haber un conjunto de valores para los creyentes de una religión en particular y otra para los creyentes de otra religión. Esto fue una modificación significativa que establecería de una vez por todas lo que los derechos humanos significan realmente. Y quién sino que Swamiji con su diplomacia serena, tacto y sobre todo con su sagacidad intelectual podía haberlo cumplido.
Dicho año fue testigo de una expansión más amplia de las actividades de Swami Dayananda dentro de las áreas de la comunidad y desarrollo social. En noviembre de ese año, fundó la organización Movimiento Toda India por Seva (AIM for Seva), un movimiento nacional que brinda educación basada en valores y cuidado médico, a aquellos menos privilegiados de la sociedad india. Este movimiento está basado en la convicción de que sólo aquellas personas que se tienen en estima pueden contribuir a su crecimiento personal y al crecimiento de su propia nación. La gente puede tener autoestima sólo si aprecian y se enorgullecen de la cultura con toda su riqueza y variedad que la educación basada en valores inculca. Los programas de Movimiento Toda India por Seva son diseñados de esta manera para validar la cultura de la gente en esas áreas inaccesibles.
Esta visión es tan potente que en un periodo de nueve años Toda India por Seva ha llegado a más de 10 millones de personas en 15 estados de la India. Es una de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) más grandes del país con 80 residencias para estudiantes, 18 instituciones educativas y 5 hospitales. En Manjakkudi, su lugar de nacimiento, Swamiji ha inspirado a sus fieles seguidores para desarrollar su movimiento como modelo educativo local. Anclado en medio de exuberantes verdes campos de arrozales, miles de estudiantes entran en tropel provenientes de más de 125 pueblos para estudiar en una de las tres instituciones aquí, administradas por el fideicomiso educativo de Swami Dayananda. Las consecuencias de este movimiento nacional son incluso más extraordinarias ya que han proporcionado, como han hecho, una oportunidad para la gente de transformarse de consumidores a colaboradores. «Una persona que consume lo mínimo y colabora lo máximo es una persona madura, ya que a través de la entrega se encuentra el crecimiento personal», declara Swami Dayananda.
El respeto y preocupación de Swami Dayananda por el dharma hindú están reflejados en el restablecimiento y renovación de templos como en Thanjavur, en las reparaciones o reconstrucción de los carros dilapidados de templos como los carros de Tiruvidaimarudur. Su interés incluye cada aspecto de la cultura y tradición india. Sea ésta la escultura, danza, música, pintura o el establecimiento de escuelas de estudios y cantos védicos (pathasalas), astrología, o incluso la adaptación de manuscritos a formato digital para su preservación, la lista es infinita.
Su gran ámbito de intereses incluye la música. Ha compuesto muchas kritis en sánscrito básico interpretados por eminentes músicos carnáticos. Ricas en contenido y devoción espiritual, sus palabras revelan la visión que es el vedanta. Swami Dayananda ha institucionalizado un premio, el Arsha Kala Bhushanam, para honrar a músicos que han contribuido de manera significativa a fomentar la música carnática. Al menos trece músicos de alto nivel han sido honrados con este premio.
Aún otra iniciativa es el Rakshana Samiti Dharma Hindú que ayuda a extender la conciencia de la riqueza de la cultura védica. Swamiji firmemente cree que una fuerte presencia y reconocimiento del dharma hindú es una condición esencial para la comprensión, armonía religiosa y cultural, y para la paz del mundo.
Profundamente preocupado por el medio ambiente y la ecología, ha dirigido el asunto del calentamiento global señalando el impacto negativo de la producción industrial de animales de criadero para consumo humano, debido a la producción de metano que éstos despiden, particularmente entre los animales de pasto. Finalmente hizo una imploración para la reducción e incluso abstención del consumo de carne roja.
El Sabha Acharya Dharma Hindú y el Rakshana Samiti fueron vehículos para que Swami Dayananda traspasara a otras esferas relacionadas con la cultura espiritual de la India. La conferencia sobre el antiguo río de Saraswati en Nueva Delhi, patrocinados por el Sabha Acharya Dharma Hindú probaron más allá de la duda que éste no era un río místico sino un río que mantuvo a una floreciente civilización, la civilización del río de Saraswati, que erróneamente es llamada la Civilización del Valle Indus. La frecuente mención del río en el Rig Veda, revelaba la antigüedad de la civilización india, además del hecho de que los Vedas nacieran en suelo indio por lo tanto, no vinieron de otro lugar.
Plantando árboles, cultivando hierbas medicinales, jardinería orgánica, suministrando agua y electricidad en áreas remotas, instaurando grupos de autoayuda a la mujer, y de formación vocacional además de su especialización en el campo de la enseñanza, dando discursos y escribiendo, Swami Dayananda es el genio que es un fenómeno poco común. Él no busca publicidad ni tampoco anima a sus discípulos hacia esa dirección. Alerta a las necesidades de la gente, donde siempre encuentra modos de ayudar, no importando lo pequeño o importante que sea su problema. Siendo un verdadero líder, trabaja detrás de las escenas, estimulando amablemente el talento y las habilidades de la gente que le busca. Si la compasión, intelecto, erudición y sabiduría empapadas con una humildad llana fueran a tomar forma humana, entonces seguramente serían en la forma de Swami Dayananda Saraswati.
Él viaja por muchos países para extender el mensaje de los antiguos rishis de este país, convencido de que la visión védica es tan esencial y válida hoy como lo fue hace miles de años.
