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Hugh Jackman y el fondo del océano: la calma que no hace falta visitar

Hugh Jackman lleva 30 años meditando para bajar a la calma del fondo. Vedanta dice algo más: esa calma también es uno en las olas, y no se visita, se conoce.

Óscar Montero·4 min de lectura·2 de noviembre de 2026

Hugh Jackman medita desde hace treinta años, dos veces al día, para bajar a una calma que, dice, siempre está en el fondo del océano. Vedanta reconoce lo que hay de verdad en esa imagen: hay algo en uno que no se agita. Pero añade lo que la imagen no dice. Esa calma no está solo abajo, a ratos. Es lo que uno es también en las olas. Y no se visita: se conoce.

Treinta años, dos veces al día

El actor Hugh Jackman, de 58 años, contaba hace unas semanas a la revista Variety que empezó a meditar a los veintidós o veintitrés, antes de ser conocido. Meditación trascendental. Dice que aquello “lo cambió todo”.

Lleva unos treinta años. Procura hacerlo dos veces al día. Si el rodaje empieza temprano, se levanta a las cuatro, o deja la primera sesión para la hora de comer.

Y lo explica con una imagen: “Si te hundes hasta el fondo del océano, siempre hay calma y paz. Eso es lo que la meditación representa para mí”. Arriba, la vida diaria: a veces tranquila, a veces agitada. Abajo, calma. Meditar es, en sus palabras, “volver a casa, a mí mismo, dos veces al día”.

Treinta años de constancia no los tiene cualquiera. Ni cualquier hijo de vecino ni muchos que se dicen practicantes.

Lo que acierta

La imagen dice algo que la tradición firmaría.

Hay en uno algo que no se agita. Las olas suben y bajan, pero no son todo lo que hay. Quien ha meditado lo ha notado: cuando la mente se aquieta, aparece una paz que no se ha traído de fuera.

Y la meditación tiene su lugar, que es importante. Es un ejercicio mental que regula los pensamientos de forma deliberada. Integra la personalidad, reduce la subjetividad, deja un espacio cada día en el que uno es más objetivo. No es poco.

Hasta aquí, de acuerdo.

Lo que la imagen no dice

La diferencia está en la geografía.

Si la calma está en el fondo, hay que bajar. Y si hay que bajar, hay que volver a subir. Dos veces al día uno se sumerge, y dos veces al día sale a la superficie, donde están el rodaje, la prensa, las prisas.

Lo que se visita es un estado. Y los estados van y vienen.

En una clase de meditación lo decíamos con un ejemplo de andar por casa. Uno sale de meditar muy expandido, muy en paz. Luego llega el yerno, o la nuera, y lo infinito se ha ido. “Estuve cinco minutos en la eternidad” es una frase que no rima: lo eterno no dura cinco minutos.

La Gītā es muy sobria con esto:

mātrāsparśāstu kaunteya śītoṣṇasukhaduḥkhadāḥ
āgamāpāyino’nityāstāṃstitikṣasva bhārata

«Los contactos de los sentidos con el mundo, que dan lugar al frío y al calor, al placer y al dolor, y que por naturaleza vienen y se van, no son constantes. Sopórtalos.» (2.14)

La calma del fondo, si es una experiencia, también viene y se va. Es otra ola, más agradable.

El agua no está solo en el fondo

Vedanta mira el mismo océano y señala otra cosa. El agua no está solo abajo. Está en la ola más alta y en la espuma. Una ola agitada no es menos agua que el fondo en calma.

Lo que uno es no espera abajo. Está presente en la superficie agitada exactamente igual que en el fondo.

En clase lo decimos así: la conciencia ilumina por igual el dolor y la alegría. No se opone a nada. Es la persona la que prefiere la calma y se opone al oleaje. Lo que uno es no tiene preferencias.

Por eso la meditación, por buena que sea, no es un medio de conocimiento. Acondiciona la mente donde el conocimiento tiene lugar, pero no lo da. Si meditar diera conocimiento, bastaría con poner carpas de meditación en las facultades.

En meditación uno puede darse cuenta de lo que ya es. También fuera de ella. Lo que no hace la meditación es producirlo, porque no hay nada que producir.

Volver a casa

“Volver a casa, a mí mismo, dos veces al día.” La frase es bonita, y honesta. También tiene una pregunta dentro.

Si hay que volver, es que uno se ha ido. ¿Adónde se va uno entre una meditación y otra? ¿Quién se va?

La enseñanza no pide a nadie que deje de meditar. Pide que se mire quién medita. Mientras la calma sea un lugar al que se baja, uno seguirá siendo un buen visitante. Constante, disciplinado, treinta años de visitas.

Lo que Vedanta propone no es bajar más a menudo, sino ver que nunca se salió de casa.

Para eso hace falta otra cosa que una técnica: un medio de conocimiento, y un profesor de la tradición que lo despliegue con orden. Por ahí empieza el curso gratuito de Vedanta y meditación. Sobre lo que la meditación es y no es, ¿La meditación da la felicidad? y Para qué sirve la meditación.

प्रश्नाः

Preguntas frecuentes

¿Qué tipo de meditación practica Hugh Jackman?

Según contó a Variety, meditación trascendental, desde los veintidós o veintitrés años. Lleva unos treinta años y procura meditar dos veces al día.

¿Qué dice Vedanta de la calma que se encuentra al meditar?

Que apunta a algo verdadero: hay en uno algo que no se agita. Pero si se toma como un lugar al que se baja, es un estado, y los estados van y vienen. Para Vedanta, lo que uno es está presente en la calma y en la agitación por igual, y se reconoce con conocimiento.

¿La meditación es un medio de conocimiento según Vedanta?

No. Es un ejercicio mental que regula los pensamientos y prepara la mente. El conocimiento de uno mismo tiene lugar en esa mente preparada, pero lo da la enseñanza, no la técnica.

¿Hay que dejar de meditar entonces?

No. La meditación integra la personalidad y reduce la subjetividad, y tiene su lugar en una vida de yoga. Lo que se corrige es la expectativa: esperar de ella lo que solo da el conocimiento.

प्रवेशः

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