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वेदान्तः

La visión del Vedanta

«Eso eres tú»: por qué el Vedanta no trata de medios y fines sino del todo, y por qué solo el conocimiento del todo se transmite intacto de maestro a discípulo.

Swami Dayananda Saraswati · traducción de Eduardo Di Tomas y Antonio Perrone·11 min de lectura

«Eso eres tú» es la «visión» del Vedanta, que se encuentra en la parte final de los Vedas. Las Escrituras del Vedanta son todas acerca de uno mismo, tratan de «mí», de lo que yo soy. Para comprender la Vedānta śāstra, las Escrituras del Vedanta, debo entender claramente y mantener en mi mente su tema esencial, su visión fundamental. Cuando la śāstra, las Escrituras, hablan del mundo, están hablando de mí. Cuando hablan de otros mundos distintos de este mundo (los cielos e infiernos a los que uno podría ir), están hablando acerca de mí. El propósito del Vedanta no es arrojar luz sobre medios y fines, sino el de iluminar la verdad de todos los medios y fines.

La primera parte de los Vedas, el Karma-kāṇḍa —la parte que se refiere a las acciones—, arroja luz sobre varios medios y fines. Es en el Karma-kāṇḍa donde uno puede descubrir los medios para ganarse el cielo o cómo realizar un ritual para hacer que llueva o para que nazca un hijo. Si lo que a uno le interesa son fines como éstos, es en el Karma-kāṇḍa, la primera parte de los Vedas, donde hay que buscar la información. La última sección de los Vedas, las Upaniṣads, que se conocen también como Vedanta o Jñāna-kāṇḍa —la parte que se refiere al conocimiento de uno mismo—, no versa sobre el logro de resultados aún no logrados. Vedanta habla de lo que yo soy, lo que el mundo es, qué es lo que Dios significa, cuál es la naturaleza de Dios, cómo Dios es igual a mí. Vedanta no incluye medios y fines. Sólo arroja luz sobre lo que es. Arrojar luz sobre lo que es, se llama «conocimiento». Conocimiento es tan sólo ver lo que es. Vedanta ilumina el hecho. Tanto si el Vedanta habla del mundo o de Dios o de las deidades o sobre cualquier otro tema, toda la exposición sólo ilumina un hecho fundamental: que entre el individuo, el mundo y Dios, no existe diferencia alguna. Este hecho, la no dualidad, la identidad de Dios, el mundo y yo mismo, es la tattva, la verdad fundamental e irreductible de todo. Y es esta tattva, la que es revelada por la enseñanza del Vedanta.

¿Cómo revela Vedanta la verdad? Por medio de palabras. Palabras y frases son el instrumento de conocimiento para conocer la verdad de todo, la cual me incluye a mí. Para conocerme a mí mismo, las palabras son el instrumento, el medio, del mismo modo que mis ojos son el instrumento para ver una rosa. Por lo tanto, todo mi enfoque del uso de las palabras del Vedanta, debe ser similar al uso que le doy a mis sentidos. Considera con qué confianza uno emplea los ojos. Cuando abro mis ojos para ver un objeto, tengo plena confianza en que podré ver si el objeto está o no presente. No pongo en duda mi facultad de ver la presencia o ausencia del objeto, ni tampoco dudo de la facultad de mis otros sentidos para desempeñar sus funciones.

Las palabras del Vedanta revelan el significado de la frase, «Eso eres tú». El pronombre «eso» se refiere al todo, la causa de todo lo que es, El Señor. El Vedanta dice que tú eres el todo y explica la verdad de esa afirmación mediante palabras. Conocer el todo es diferente del conocimiento de las partes.

Tomemos como ejemplo el conocimiento de un bosque. Conocer todos los detalles que hacen al bosque (árboles y arbustos, hierbas y matas, plantas trepadoras) es un gran trabajo, porque hay una gran variedad de plantas. Y después, el conocer sus nombres, el conocer todo acerca de los árboles, la fisiología vegetal, la anatomía vegetal, etc., es un trabajo todavía mayor. Una cosa buena de este conocimiento es que siempre hay cabida para nuevos doctorados; todo lo que uno tiene que hacer es contradecir o modificar la tesis anterior y proponer una nueva. El conocimiento de los detalles o de las partes está siempre sujeto a contradicción o modificación. Por ello, conocer los detalles acerca del bosque no es cosa fácil. Pero si alguien no conoce el bosque y nosotros queremos que esa persona sepa lo que es un bosque en su conjunto, eso es más fácil. Todo lo que tenemos que hacer es llevarlo a través del bosque en coche, o incluso mejor en un helicóptero, y hacerlo mirar hacia abajo para que pueda ver claramente el aspecto de un bosque. Y una vez que uno conoce lo que es un bosque, ya está «sabido»; no hay posibilidad de contradicción. Por lo tanto, si hay un conocimiento posible, ése es el conocimiento del todo. En el conocimiento del todo no puede haber adición o modificación alguna. Sabiduría del todo es La Sabiduría, porque sabiduría significa conocimiento y solamente es posible el conocimiento del todo. El todo no tiene partes. Cuando hay partes, en cada parte hay áreas de ignorancia. Si uno posee la apreciación del todo, es posible hacérselo ver a otra persona. Si uno conoce el todo, uno puede hacer que otra persona lo vea y esa otra persona puede hacérselo ver a otra. Y así es como encontramos una serie completa de gurus (maestros) y śiṣyas (estudiantes); hay una continuidad.

Hay un método de enseñanza, un método de comunicación, por medio del cual la visión del todo puede ser impartida a otra persona. Nosotros tenemos una tradición cuyo origen se remonta al Señor Shiva y que llega a nosotros a través de los Rishis (los sabios). La tradición ha sido siempre la misma. No ha sufrido cambio alguno; no puede sufrir cambios porque trata sobre el todo. Esto ciertamente no es aplicable al conocimiento de las partes. Por ejemplo, el conocimiento sobre física en los Vedas es definitivamente deficiente. Estoy seguro de que hay nociones de aquel tiempo que serían consideradas ridículas a la luz del conocimiento moderno. Esto es así porque la física se refiere a detalles. La física no era el tema de los Rishis. Uno siempre puede discrepar acerca de los detalles en la creación y sigue siendo así hoy en día. Lo que es considerado correcto en un momento determinado puede no serlo en otro. Y por ende, sólo el conocimiento del todo es el conocimiento que puede ser transmitido intacto sin ninguna necesidad de modificaciones. Es así como tenemos un paramparā, es decir, una tradición.

Siempre hay un paramparā de maestro-estudiante en cada área de conocimiento. Habiendo aprendido física de su profesor, uno llega a ser un profesor. Pero ahora, muchas de las cosas que el profesor nos enseñó han sido probadas como falsas. Por ello, tanto en física como en otras áreas del conocimiento empírico no hay una transmisión del «mismo» conocimiento.

La palabra guru puede ser aplicada a cualquiera que nos imparte conocimiento, sea éste sobre música, danza, lenguaje o cualquier otro tema. Guru significa «aquél que elimina ignorancia», por lo que cualquiera que elimine cualquier tipo de ignorancia puede ser llamado guru. Pero no cualquiera elimina completamente la ignorancia sobre un tema dado, la elimina sólo hasta cierto punto. De hecho, en todas las disciplinas del conocimiento empírico observamos que cuanto más aprendemos más descubrimos lo que no sabemos. Así, ninguno de los maestros de conocimiento empírico puede ser llamado guru en el sentido real de la palabra porque ninguno de ellos elimina totalmente la ignorancia. Por lo tanto, si alguien puede eliminar totalmente la ignorancia, ese alguien sólo puede ser el que enseña el todo, porque la ignorancia del todo es una única ignorancia (porque en el todo no hay partes). Y por ello sólo una persona puede ser llamada guru en el sentido real de la palabra: aquél que elimina la ignorancia del todo. Y sólo un medio de conocimiento puede ser considerado válido: el instrumento que revela el conocimiento del todo. No hay peligro de contradicción ni de falsificación. Una vez conocido, es conocido para siempre.

Los Vedas dicen, «Tú eres el todo». Si uno ya es el todo, nuestra vida debe ser tal que conduzca al descubrimiento de lo que es aquel todo. Se debe estar feliz siendo lo que uno es. ¿Quién ha realizado plenamente su vida? Aquél que se acepta a sí mismo ha realizado plenamente su vida, siendo totalmente satisfecho. Y eso sucede cuando uno es completo. Aquél que se descubre a sí mismo como el todo está completamente satisfecho en la vida. Toda persona desea realizar plenamente su vida y por esta razón toda persona debe observar un modo de vida que le ayude a descubrir el todo.

Si el dinero, el poder, etc., son los bienes que perseguimos en la vida, entonces la vida se transforma en una búsqueda para adquirir esas cosas. Adoptamos los medios que nos permiten lograr esos fines. Los Vedas dicen que la finalidad de la vida no es esto o aquello. La finalidad de la vida es descubrir el todo y no existe el «lograr», porque uno ya es el todo. La vida debe ser un proceso de revelación del todo. Uno debe tener una mente que pueda descubrir ese todo. La mente debe ser sencilla, contemplativa, reposada y también estar satisfecha. No debe estar a merced de las atracciones y aversiones porque entonces son ellas las que deciden si uno está feliz o no. Si la mente está agitada, inquieta o insatisfecha, no puede servir para el propósito que le corresponde.

Las palabras del Vedanta manejadas por el guru forman un medio de conocimiento (N. del T.: un instrumento para adquirir el conocimiento) que permite que la visión del todo tenga lugar en la mente. La revelación del todo requiere que la mente sea liberada de su atadura a las atracciones y aversiones, las cuales se adquieren necesariamente en el proceso de crecimiento. Los Vedas nos muestran una forma de vida bien definida, a través de la cual se puede adquirir esa libertad mental. Una vida basada en el acatamiento a los deberes y obligaciones.

Los seres humanos tienen que aprender cuáles son sus deberes —aquello que es apropiado que hagan— porque son seres conscientes dotados con la facultad de elección. El ser humano puede elegir hacer algo de una manera, o no hacerlo, o hacerlo de una forma diferente. La mente humana no está programada como la de las plantas y animales y por eso el hombre debe elegir su meta y adoptar los medios apropiados para lograr esa meta.

Cuando yo ejecuto una acción porque debo, lo hago en respuesta a una situación dada, no estoy manipulado por fantasías, atracciones o aversiones. Yo veo una situación y hago lo que debe hacerse. Puede haber algo que a mí me gustaría hacer en una situación dada, pero me abstengo de hacerlo si no es lo apropiado para esa situación. Yo renuncio a lo que me gusta y hago algo que no me gusta; a esto se lo llama «deber». Deber es algo que debe hacerse esté o no esté de acuerdo con mis atracciones y aversiones. Si la atracción y el deber coinciden, la acción se torna espontánea. Si la atracción no coincide con el deber, la acción se torna deliberada y esto es karma yoga.

Si hago cualquier cosa que me gusta, sin importarme si es apropiado o no, eso es una acción impulsiva. Una persona impulsiva está atada a las atracciones y aversiones y por lo tanto está llena de conflictos, mientras que una persona reflexiva, una que hace lo que debe hacer, con el tiempo libera a su mente de las atracciones y aversiones. Una mente que goza de esta libertad con respecto a los conflictos, es el instrumento apto para apreciar la libertad absoluta, o sea el todo. Esto también es Arsha Vidya (ārṣa vidyā), la visión de los Rishis (ṛṣis). «Rishi» significa «el que sabe» y «Arsha» significa «de los Rishis». «Vidyā» significa «conocimiento» o «visión».

Arsha Vidya es una visión hermosa. No puede ser mejorada porque los Rishis tienen la última palabra con respecto a uno. Otros pueden decir que uno es parte del todo, que uno es pequeño, que uno es mortal, etc. Pero los Rishis dicen que tú eres el todo y nadie puede decir más que eso. ¿Quién podría mejorarlo? ¿Quién puede decir algo más que esto? ¡Ellos tienen la última palabra con respecto a uno y dicen que usted es la última palabra en la creación! Y por eso, esta visión, Arsha Vidya, no puede ser jamás mejorada. Tampoco admite ningún tipo de opinión y por eso no puede ser falseada.

El todo no está sometido al tiempo, etc., y por ende no se expone a ningún tipo de debate. Y es por eso que puede ser transmitido de maestro a estudiante en forma completa. Este es el único conocimiento que es apto para ser llamado conocimiento, porque no se puede falsear, no puede ser mejorado, no puede ser modificado. Y aquél que imparte este conocimiento puede ser llamado guru en el sentido real de la palabra, porque es quien elimina totalmente la ignorancia de que yo soy el todo. Toda persona debe adquirir este conocimiento porque, en lo que a «llegar a ser el todo» se refiere, no hay alternativa.

Autor
Swami Dayananda Saraswati
Traducción
Eduardo Di Tomas y Antonio Perrone
Revisión
Ana Rodríguez Moreira y Swamini Vilasananda
Procedencia
Texto formado por contenidos de «El valor de los valores» y «Arsha Vidya, la visión de los Rishis».
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