Para la ciencia, la conciencia suele explicarse como algo que produce el cerebro: neuronas, dopamina, serotonina. El Vedanta no discute lo que la ciencia estudia, que son objetos. Discute el salto de la frase: de lo que se estudia a quien lo estudia. Todo lo que conoces, incluida tu química, es algo conocido. Y lo conocido no es el que conoce.
La dopamina alterada
Me dice un primo mío que le han dicho que tiene la dopamina alterada.
Desde hace unos años la dopamina y la «neurociencia» arrasan en los libros más vendidos de la temporada. Todo lo que suene a neurona. Neuroprogramación, neuro-whopper, neuro-bocadillo-de-aceitunas…
La ansiedad es cortisol. La tristeza, serotonina baja. El móvil, un secuestro del circuito de recompensa.
Y la solución, un protocolo: ayuno de dopamina, luz de sol por la mañana, duchas frías. Neuronas contentísimas.
Hay información útil en todo eso. Dormir bien importa, y el cuerpo influye en la mente.
Pero sin darte cuenta has aceptado algo más: que solo eso eres tú. Que lo que te pasa se explica entero con química, y que el que sufre es un cerebro mal ajustado.
Lo que se acepta sin mirar
Es un modo muy reduccionista de ver la realidad.
A partir de ahí, la pregunta por quién eres queda cerrada como un asunto técnico. Uno ya no hace el esfuerzo de comprenderse y de comprender la realidad: uno mismo se mantiene, como se mantiene un coche.
Si uno está mal, va al soporte técnico como quien lleva su Mac a Apple.
Un conocimiento de segunda mano
Ahora fíjate en un detalle.
Nadie ha visto nunca su propio cerebro.
Lo que sabes de tu dopamina lo sabes de oídas: por un artículo, por un escáner que interpretó otro, por un libro. Es un conocimiento que no es tuyo. Te lo han contado. Es de segunda mano.
Lo que sí sabes de primera mano, sin que nadie te lo cuente, es, para empezar, que tú eres. Y que te das cuenta, porque eres un ser consciente.
Un ser consciente. No una dopamina.
Lo conocido no es el que conoce
El Tattva Bodha (El conocimiento de la Realidad) hace aquí un razonamiento sencillo y muy difícil de esquivar.
Todo lo que conoces, lo conoces como algo distinto de ti. La casa, la ropa, el cuerpo. Lo conocido no es el que conoce: no confundes tu mesa contigo.
Swami Dayananda, comentándolo, hace avanzar esa línea paso a paso. Primero está en la piel: lo de fuera es el mundo, lo de dentro soy yo. Pero el cuerpo también es algo que conoces. Y de la anatomía pasa a la fisiología: el hambre también es algo que notas, algo conocido. Y de ahí sigue.
Tu química es exactamente eso. Algo conocido, y encima conocido de forma indirecta. Muy íntimo, muy tuyo, como tu cuerpo. Pero un objeto.
La tradición llama a este discernimiento dṛg-dṛśya-viveka: distinguir al que ve de lo visto.
El que mira no sale en la imagen
¿Y quién es el que tiene esa química, esas neuronas con sus dopaminas y sus serotoninas?
No es una pregunta contra la ciencia. La ciencia estudia objetos, y lo hace bien.
Lo que no se sostiene es el salto de la frase: de lo que se estudia a quien lo estudia.
Porque en cada escáner hay un cerebro en la pantalla y alguien que lo mira. Y el que mira no sale nunca en la imagen.
La Kena Upaniṣad lo dice en una línea:
anyad eva tad viditād atho aviditād adhi
«Eso es distinto de lo conocido, y está más allá de lo desconocido.» (Kena Upaniṣad 1.4)
Lo que eres no aparece entre las cosas que se pueden medir. Es aquello a lo que aparecen.
El objeto no es el sujeto. El sujeto no es ni la dopamina ni la serotonina. El sujeto es algo que no está al alcance de la ciencia porque no es un objeto. Y, por lo tanto, la ciencia no puede decir nunca absolutamente nada acerca de él. De ti.
La luz en la mano
En una clase de la Bhagavad Gītā lo poníamos con un ejemplo.
La consciencia no es producto del cerebro. Si quieres hacer la prueba, coge un cerebro, mételo en un cubo de agua con electricidad y a ver qué sale. Es lo que hacen en Frankenstein: un cuerpo muerto, un chute de electricidad, y esperar que aparezca alguien. No aparece.
Mira la luz sobre una mano. Está presente en la mano, pero no pertenece a la mano. Se mueve la mano y la luz sigue ahí, rebotando en otra cosa.
En el cuerpo hay consciencia. Pero la consciencia no es una propiedad del cuerpo.
Lo que esto no es
No es un rechazo de la ciencia. La ciencia estudia lo que se puede estudiar como objeto, y ahí tiene toda la autoridad.
No es un consejo para dejar el médico. Si la química está alterada, se trata. El cuerpo y la mente se cuidan.
No es una creencia. Que eres y que te das cuenta no lo sabes porque te lo hayan dicho. Es lo único que sabes de primera mano.
Ningún informe sobre tu cerebro, por bueno que sea, te va a hablar de ti en primera persona. La pregunta de quién es el que se da cuenta se queda sin contestar en todos los libros de la mesa de novedades. Esa es la investigación que se hace con el Tattva Bodha, con orden, de lo más evidente a lo más sutil. Y empieza en el curso gratuito de Vedanta y meditación.
