The Work, el método de Byron Katie, examina un pensamiento que hace sufrir con cuatro preguntas, y puede aliviar mucho. Pero examina el contenido de la mente, no al que lo mira. Para Vedanta, quien es uno no aparece al imaginarse sin un pensamiento: es aquello sin lo cual ningún pensamiento existiría, y se conoce con una enseñanza, no con un ejercicio.
Cuatro preguntas
Byron Katie cuenta que en 1986, en medio de una crisis personal, se dio cuenta de algo sencillo: cuando creía sus pensamientos, sufría; cuando no los creía, no sufría.
De ahí nació The Work, «El Trabajo». Se toma un pensamiento que duele —«mi pareja no me respeta», «debería haber triunfado»— y se le hacen cuatro preguntas. En su propia web están así:
«¿Es verdad?»
«¿Puedes saber con absoluta certeza que es verdad?»
«¿Cómo reaccionas, qué ocurre, cuando crees ese pensamiento?»
«¿Quién serías sin ese pensamiento?»
Después se le da la vuelta al pensamiento y se mira si lo contrario es igual de cierto, o más.
Lo que tiene de sensato
Conviene empezar por lo que funciona. Un pensamiento no es un hecho. Que uno piense «nadie me quiere» no lo convierte en verdad. Ponerlo en duda alivia, y no es poca cosa.
La tradición tampoco toma las conclusiones de uno sobre sí mismo como dogma. Swami Dayananda llama a muchas de ellas avicāra-siddha: establecidas sin inquirir. Hay que examinarlas.
Hasta aquí, el método y Vedanta caminan juntos un trecho.
La promesa
El problema empieza en lo que se le pide al método. La web de Byron Katie lo dice sin rodeos: «cada vez que haces The Work estás despertando a quién y qué eres, la verdadera naturaleza del ser».
Eso ya no es aliviar un pensamiento. Es responder a la pregunta más seria que puede hacerse una persona.
Lo que examina y lo que no
Fíjese en la cuarta pregunta. «¿Quién serías sin ese pensamiento?». La instrucción que la acompaña pide cerrar los ojos e imaginarse sin él.
Lo que aparece es otra imagen. Uno se ve más tranquilo, más ligero, sin ese peso en el pecho. Es una imagen bonita. Pero es una imagen: un contenido de la mente, como el pensamiento que se quería soltar.
Detrás hay una creencia que rara vez se dice: soy lo que queda cuando suelto los pensamientos que me hacen sufrir.
Y de ahí sus consecuencias.
La primera es que el trabajo no acaba. Siempre hay otro pensamiento que duele. Se arranca una mala hierba y sale otra.
La segunda es que uno depende del estado de su mente para saber quién es. Sin el pensamiento, soy alguien en paz. Con él, vuelvo a ser el que sufre. La identidad sube y baja con el clima interior.
La tercera es la más fina. El alivio se confunde con el conocimiento. Sentirse ligero no es saber quién es uno. Es sentirse ligero.
El que mira
Swami Dayananda plantea la cuestión desde el otro lado: «Yo soy la Verdad de todos los pensamientos. Tanto cuando tengo pensamientos agitados como de satisfacción, Yo soy la Verdad de los pensamientos. El pensamiento no tiene existencia sin mí».
No hay que quitar un pensamiento para que aparezca uno mismo. Uno ya estaba ahí antes de ese pensamiento, durante y después. Por eso dice que hay que verse «no en la ausencia de pensamientos, sino a pesar de ellos».
Vedanta no pregunta quién serías sin ese pensamiento. Muestra quién eres con él.
La Kaṭha Upaniṣad tiene una imagen para esto. El cuerpo es el carro; los sentidos, los caballos; la mente, las riendas; el intelecto, el auriga. Y el Ser es el que va en el carro, sin hacer nada. Revisar las riendas una por una es útil. No dice quién viaja.
Un ejercicio y una enseñanza
Para aliviar un pensamiento basta un buen ejercicio. Para saber quién es uno hace falta otra cosa: un medio de conocimiento que hable del sujeto y no de sus contenidos, y alguien que sepa manejarlo. Eso es lo que la tradición llama enseñanza.
Empieza, en orden, en el curso gratuito de Vedanta y meditación. Y el texto de Swami Dayananda está completo en silencio a pesar de los pensamientos; sobre la mente como instrumento, cómo controlar la mente.
