Vairāgya es objetividad respecto del valor de las cosas: dejar de atribuir a un objeto, a una persona o a un logro una plenitud que no puede dar; nace del discernimiento (viveka) y es la segunda cualificación del buscador.
Qué significa la palabra
Vairāgya es el sustantivo abstracto de virāga. Vi- separa; rāga es el valor de más que se pone a algo. Swami Dayananda lo describe como lo que tiñe, lo que colorea un objeto con un valor que no tiene.
El Tattva Bodha lo define así: virāgaḥ kaḥ? iha-svarga-bhogeṣu icchā-rāhityam. ¿Qué es virāga? La ausencia de deseo por las experiencias de aquí y del cielo.
Se suele traducir por «desapego» o «desapasionamiento». Esta última es una traducción malísima: suena a quedarse sin ganas de vivir.
Objetividad, no frialdad
Swami Dayananda habla de máxima objetividad. La palabra no es desapego, sino objetividad: dejar de superponer a las cosas un valor que no está en ellas.
Un Ferrari, a los tres meses, vuelve a ser un coche. Si el dinero fuera sinónimo de felicidad, los ricos serían los más felices. No hay nada malo en el coche ni en el dinero. El error está en el valor añadido.
El sūtra incluye el cielo. Tampoco allí uno dejaría de ser un individuo con los problemas del individuo.
El deseo que ata
Virāga no es no querer nada. El deseo es un privilegio.
El problema no es el deseo, sino el deseo vinculante: «sin esa cosa, sin esa persona, sin ese logro, no me veo bien». Ahí el deseo ya no es una preferencia. Es una condición para estar bien.
Nace del discernimiento
Viveka y vairāgya van juntos. Cuando uno ve con claridad que algo limitado no puede dar lo ilimitado, deja de pedirle eso. No hace falta forzarse a renunciar: el discernimiento corta la exageración de valor.
La Bhagavad Gītā lo dice con precisión:
«Los objetos [de los sentidos] se retiran del encarnado que se abstiene [de ellos], dejando aparte el apego (rasa); pero incluso ese apego cesa en quien ha visto lo Supremo» (Bhagavad Gītā 2.59).
Quien no come se aparta de la comida, pero el gusto sigue ahí. Śaṅkara comenta que el apego sutil no cesa sin la visión correcta. El gustillo no se va por muy disciplinado que uno sea. Se suelta el peluche de la infancia cuando se ha encontrado algo mejor.
Lo que vairāgya no es
No es frialdad. Una madre «desapegada» de su bebé sería un problema: el niño necesita ese vínculo. Objetividad no es frialdad con las personas. Es poner el valor donde se puede poner.
No es huir. Swami Dayananda: «cuando os apartáis de todo, os lo lleváis en la cabeza». Hacerse monje no quita un apego; solo cambia la ropa.
No es represión. Vairāgya no es fuerza de voluntad ni control. Eso es represión, y la represión no funciona. Dura tres fines de semana.
No es desidia. Si el interés cae en la vida en general, es mala señal: desgana, resignación. Si cae en lo material mientras crece en lo que de verdad importa, es madurez. Vairāgya llega por madurez, no por desidia.
