En la Bhagavad Gītā, yoga es sobre todo una actitud ante la acción y sus resultados —«a esa ecuanimidad se la llama yoga» (2.48)— y, en general, todo lo que prepara a la persona para el conocimiento de sí misma, que es lo que libera.
Una palabra con muchos sentidos
Suele traducirse por «unión». Pero en los textos la palabra es polisémica, y no se puede tomar un sitio y aplicarlo a todos.
Cada capítulo de la Gītā se llama «yoga» de algo: Sāṅkhya-yoga, Karma-yoga, Bhakti-yoga… Son dieciocho. Ahí yoga no quiere decir camino. Quiere decir tema: el tema del conocimiento, el de la acción, el de la devoción.
Y en el cuerpo del texto Kṛṣṇa lo define dos veces.
Ecuanimidad
yogasthaḥ kuru karmāṇi saṅgaṃ tyaktvā dhanañjaya
siddhyasiddhyoḥ samo bhūtvā samatvaṃ yoga ucyate«Establecido en el yoga realiza las acciones, oh Dhanañjaya, abandonando el apego, permaneciendo igual ante el éxito y el fracaso. A esa ecuanimidad se la llama yoga.» (2.48)
El éxito, para la sociedad, es salirse con la suya. Para la Gītā es otra cosa: quedar entero ante el éxito y el fracaso, la ganancia y la pérdida.
Si uno practica la ecuanimidad, es un yogui, aunque no haya hecho una postura en su vida.
Discernimiento en la acción
yogaḥ karmasu kauśalam (2.50). Suele traducirse «destreza en la acción», pero kauśala es aquí el discernimiento para elegir lo que corresponde hacer conforme al dharma. Lo explicamos en karma-yoga.
Preparación, no fin
Para la Gītā, lo que libera es ver: para ser libre hay que verse libre. Y no hay sustituto para esa visión.
Entonces, ¿para qué el yoga? Para preparar la mente que ha de ver. Como en matemáticas: no se empieza por los logaritmos, se empieza por las sumas. El yoga no sustituye al conocimiento ni corre en paralelo a él. Prepara para amarlo y recibirlo.
En ese marco, el āsana y el prāṇāyāma tienen una función precisa: coordinar el cuerpo, la mente y los sentidos, integrarlos, reordenarlos. Son medios indirectos. El medio directo es el conocimiento de uno mismo.
Lo que el yoga no es
No es solo āsana. La palabra āsana significa «asiento», sentarse para meditar. Las posturas son una parte de la preparación, no la definición del yoga.
No es un camino aparte del Vedanta. No hay tres caminos —el del conocimiento, el de la acción, el de la devoción— que lleven cada uno por su lado al mismo sitio. Hay una persona que piensa, siente y actúa, y que necesita las tres cosas. La liberación es visión.
No es un fin en sí mismo. Quien practica como si lo fuera encuentra calma, y se queda con las mismas dudas sobre quién es.
Más en Para qué sirve el yoga: es la preparación, no el fin.
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