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Qué es el dharma y cómo se vive

El dharma es el orden de lo que corresponde hacer: valores universales y deberes de cada papel. Por qué cuesta vivirlo y por qué no es «tu misión».

El dharma es el orden de lo que corresponde hacer y de lo que corresponde evitar. Tiene dos caras: los valores universales que todo el mundo conoce por sentido común, como no hacer daño o no mentir (sāmānya-dharma), y lo que corresponde a cada uno según su papel y su momento de la vida (viśeṣa-dharma). Se vive asimilando el valor de esos valores hasta que hacer lo correcto deja de costar. No es una misión personal ni una pasión que haya que encontrar.

La palabra está de moda. «Encuentra tu dharma», se lee en talleres y en tazas, como si fuera un tesoro escondido con su nombre grabado.

En la tradición védica, el dharma no se encuentra. Se conoce, en buena parte, desde siempre. Lo difícil es otra cosa: vivirlo.

Qué significa la palabra, en Dharma. Aquí, cómo funciona y cómo se vive.

El dharma que todos conocemos

Swami Dayananda empieza por lo más sencillo. Nadie quiere que le hagan daño. Y el sentido común basta para entender que los demás tampoco.

Ni siquiera un mosquito: cuando uno levanta la mano para espantarlo, sale volando, y vuelve cuando uno vuelve a su libro.

Yo no quiero que me mientan; los demás tampoco. No quiero ser objeto del odio ni de los celos de nadie. Cuando se trata de cómo deben portarse los otros conmigo, soy un perfecto experto en ética.

Ese conocimiento de los valores universales se llama sāmānya-jñānam, y es innato. A esos valores comunes a todos, la tradición los llama sāmānya-dharma. Entre ellos está la no violencia, ahiṃsā.

Entonces, ¿por qué cuesta tanto?

Si todos sabemos lo que está bien, ¿por qué nos sorprendemos saltándonoslo?

Swami Dayananda pone un ejemplo. Un hombre va a una cena importante con empresarios a los que espera venderles algo. Lleva su único traje. Por el camino, un anciano se cae en una cuneta llena de barro y pide ayuda. No hay nadie más.

El dharma es lo primero que se le ocurre: hay que ayudarle. El conflicto viene detrás: el traje, la cena, la venta.

El conflicto no viene de no saber qué es lo correcto. Viene de no haberlo asimilado. Lo que se interpone son las prioridades, los gustos y las aversiones.

El valor del valor

De ahí sale una de las ideas más finas de Swami Dayananda: no basta con conocer un valor. Hay que asimilar el valor del valor.

Educar no consiste en predicar valores, sino en enseñar el valor que tienen. A quien ha entendido de verdad el valor de la higiene no hay que recordarle que se lave las manos.

Mientras el valor no está asimilado, hay que ceñirse a él con la voluntad, y al principio habrá conflicto. Cuando se asimila, el conflicto desaparece. El hombre del traje ayuda al anciano sin pensárselo, y solo después se da cuenta de que se ha manchado.

Esa espontaneidad es la señal. La madurez es haber asimilado tanto el dharma que uno ya no puede hacer otra cosa.

Y al revés: cada concesión contra el dharma se queda en la psique. A los cuarenta años, la personalidad tiene aristas. Pulirlas es asimilar valores.

El dharma de cada papel

Además de los valores universales están los viśeṣa-dharma: lo que corresponde a cada uno según su papel en la vida.

No se vive como observador del mundo. Se vive participando, y nadie puede hacer todos los trabajos. Lo que uno aporta sostiene a otro, y al revés.

Cada papel tiene su guion. El del padre, el del hijo, el de la pareja, el del profesional, el del vecino. Y cambia con el momento de la vida: no es lo mismo el dharma del estudiante que el del jubilado.

A ese dharma propio la Gītā lo llama svadharma. Más en Svadharma.

El dharma no es tu pasión

Aquí está la confusión más extendida. «Encontrar tu dharma» se ha vuelto sinónimo de encontrar tu vocación, aquello que te apasiona, la misión para la que has nacido.

Pero el dharma no pregunta qué te apasiona. Pregunta qué corresponde. A veces coincide con lo que a uno le gusta. A veces no. Cambiar un pañal a las tres de la mañana no es la pasión de nadie, y es el dharma de muchos.

Quien busca su dharma en lo que le gusta acaba siguiendo sus gustos y aversiones. Y los gustos cambian.

Ningún karma es perfecto, y no se abandona

La Gītā, casi al final, dice algo que alivia mucho:

«El karma que es natural según el propio nacimiento, aunque tenga defecto, no debe abandonarse, porque todas las empresas están cubiertas de defecto, como el fuego está cubierto de humo.» (18.48, traducción leída en clase)

En clase lo explicamos así. La palabra es doṣa, defecto, no «culpa». ¿Cuál es el defecto de toda acción? Que termina, y que el resultado que da siempre es limitado.

Conocer ese defecto no lleva a dejar de actuar. Lleva a actuar sin una expectativa equivocada. La acción no puede dar lo que no puede dar. Sabiéndolo, uno hace lo que le toca y no espera de ello la plenitud.

Eso es vivir el dharma con la actitud del karma-yoga. Más en Qué es el karma y cómo funciona y en Karma y dharma.

El dharma y el karma

El karma es la acción y su fruto. El dharma es el criterio de la acción: lo que corresponde. La acción que va con el dharma deja mérito, puṇya; la que va contra él, demérito, pāpa. Swami Dayananda lo dice en términos físicos: no se puede ir contra el dharma sin verse afectado, porque acción y reacción son iguales y opuestas.

El dharma no es la meta

La tradición habla de cuatro fines de la vida: la seguridad (artha), el placer (kāma), el dharma y la liberación (mokṣa). El dharma ordena los dos primeros. Pero ni siquiera el dharma da lo que se busca de fondo.

Para qué sirve, entonces. Para crecer. Una vida de dharma deja la mente madura y disponible, la mente en la que puede tener lugar el conocimiento de uno mismo.

Swami Dayananda llega a decir que no hay otro dharma que Dios: cuando no hay discordancia entre ese orden y uno mismo, hay alegría y belleza, sin necesidad de hacer nada más.

Más en Los cuatro fines de la vida (Parte II). Y quien quiera empezar por el principio tiene el curso gratuito de Vedanta y meditación.

प्रश्नाः

Preguntas frecuentes

¿Qué es el dharma y cómo funciona?

El orden de lo que corresponde hacer y evitar. Tiene dos caras: los valores universales que todos conocemos (sāmānya-dharma) y lo que corresponde a cada papel y momento de la vida (viśeṣa-dharma). Funciona como una ley: ir contra él deja demérito y conflicto; vivirlo deja mérito y madurez.

¿Qué es el dharma en el hinduismo?

La propia tradición se llama Sanātana Dharma, el dharma eterno. Dharma es hacer lo que corresponde: los valores comunes a todos y los deberes de cada uno según su papel.

¿Cómo se practica el dharma?

Haciendo lo que cada situación y cada papel piden, aunque no apetezca, y asimilando el valor de los valores hasta que hacer lo correcto deje de costar. Cuando no está claro, se consulta a quien sabe más.

¿El dharma es lo mismo que el propósito de vida?

No. El dharma no pregunta qué te apasiona, sino qué corresponde. A veces coincide con lo que gusta y a veces no.

¿Qué diferencia hay entre karma y dharma?

El karma es la acción y su resultado. El dharma es el criterio que dice qué acción corresponde. La acción de acuerdo con el dharma deja mérito (puṇya); la contraria, demérito (pāpa).

प्रवेशः

Por dónde empezar

El curso gratuito son siete clases: cuatro de Vedanta y tres de meditación, con una corrección personal incluida.