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Reencarnación según el Vedanta: qué renace, por qué y qué no nace

Qué dice el Vedanta de la reencarnación: la Gītā la menciona (2.22), renace el cuerpo sutil y la causa es la ignorancia, no un destino.

Para el Vedanta, la reencarnación existe, pero no es la respuesta: es parte del problema. La Bhagavad Gītā dice que el que mora en el cuerpo deja los cuerpos gastados y toma otros, como quien cambia de ropa (2.22). Lo que pasa de un cuerpo a otro es el cuerpo sutil, con su karma. La causa no es un destino, sino una ignorancia: tomarse por un individuo limitado. Y lo que el Vedanta quiere saber no es quién fui, sino qué es lo que no nace.

Cualquier hijo de vecino tiene una opinión sobre la reencarnación. Unos la dan por cierta, otros por un cuento oriental, otros por un consuelo. Casi nadie se pregunta qué es lo que, en caso de renacer, renacería.

Estos días vuelve a circular la noticia de un estudio con niños que dicen recordar otra vida. El Vedanta no necesita validarla ni refutarla. Su pregunta es otra.

Lo que dice la Gītā

El texto es claro, y no lo esconde.

vāsāṃsi jīrṇāni yathā vihāya navāni gṛhṇāti naro’parāṇi
tathā śarīrāṇi vihāya jīrṇānyanyāni saṃyāti navāni dehī

«Así como una persona deja la ropa vieja y toma otra nueva, del mismo modo el que mora en el cuerpo deja los cuerpos viejos y toma otros que son nuevos.» (2.22)

Unos versos antes ya lo había dicho de otra manera:

dehino’smin yathā dehe kaumāraṃ yauvanaṃ jarā
tathā dehāntaraprāptirdhīrastatra na muhyati

«Así como para el que habita este cuerpo hay niñez, juventud y vejez, así también es la obtención de otro cuerpo. Respecto a eso, el sabio no se turba.» (2.13)

A partir de los cuarenta uno descubre que tiene articulaciones. La buena noticia, bromea la clase, es que se puede tomar otro cuerpo.

Pero hay que leer con cuidado. Śaṅkara, al comentar el 2.22, remata: el que mora en el cuerpo es, como aquel hombre que se cambia de ropa, inmutable. La ropa cambia. El que se la pone, no.

Qué es lo que pasa de un cuerpo a otro

El Tattva Bodha (El conocimiento de la Realidad) distingue tres cuerpos. El físico, hecho de los cinco elementos. El sutil, sūkṣma-śarīra. Y el causal.

El cuerpo sutil tiene diecisiete componentes: cinco capacidades de percepción, cinco de acción, cinco funciones vitales (prāṇa), la mente y el intelecto. No son los ojos ni las manos, sino la capacidad de ver y la de actuar. Es el instrumento con el que se vive en el mundo.

Cuando alguien muere, lo que muere es el cuerpo físico. El sutil sigue. Lleva consigo la mente, las impresiones, la cuenta de las acciones. Y toma otro cuerpo.

Por eso no recordamos otras vidas, y está muy bien que sea así. Imagine el lector que se encuentra a quien le engañó hace tres vidas. O que recuerda todo lo que le hicieron todos. No se podría vivir.

Más en Sūkṣma-śarīra.

La causa no es un destino

Si el cuerpo sutil toma cuerpos, ¿qué lo empuja? El Tattva Bodha responde con el tercer cuerpo, el causal. Y el cuerpo causal es avidyā, ignorancia.

¿Ignorancia de qué? De esto: «soy un individuo, encerrado en un cuerpo». Esa conclusión, que nadie examina, es la que causa los nacimientos, las muertes y el devenir.

Y no tiene comienzo (anādi). El individuo no empezó a existir un día. Por eso hablar de «almas viejas» y «almas jóvenes» no tiene sentido. Nadie es más antiguo que nadie.

Aquí está el giro que casi nunca se cuenta. Lo que me hace renacer no es un castigo ni una misión: es una confusión sobre quién soy.

Los tres karmas

El Tattva Bodha explica la mecánica con tres clases de karma.

Sañcita, el acumulado: «las acciones anteriores en forma de semilla, de incontables millones de nacimientos». Una cuenta enorme que nadie ve. Solo lo dice el Veda.

Prārabdha, el comenzado: la parte del acumulado que fructifica en esta vida. Es la que hace que este cuerpo nazca así, en este mundo, y la que da placer y dolor. Los padres, el país, el carácter con el que un niño ya llega a los pocos días. Nadie movió un dedo en esta vida para ganarse su cuerpo.

Āgāmi, el que viene: el que se genera ahora, con cada acción hecha con uso de razón, en forma de mérito y demérito (puṇya y pāpa).

Es un modelo explicativo, no un dogma para creer. Sirve para entender que lo que pasa no es azar, y que tampoco está todo escrito. Hay un lote que toca, y hay lo que uno hace con él.

Más en Prārabdha y en Karma y dharma.

Una creencia que no sirve para nada

Hasta aquí, la teoría. Ahora viene lo que importa.

En clase, al llegar al 2.22, Óscar lo dice sin rodeos:

«Es una creencia y, de hecho, no es una creencia que sirva para algo. No nos sirve para nada. Porque realmente si damos mucha importancia a este verso, diríamos entonces: “Pues qué bien, entonces sigo”. […] Te apegarías a otra identidad. Y eso no es el Vedānta. […] No nos lleva a ningún sitio, solo lleva a perpetuar el saṃsāra.»

La reencarnación convertida en consuelo es una identidad más. Si no soy este cuerpo, seré el siguiente. Si no fui nadie en esta vida, fui alguien en la otra.

Nadie recuerda haber sido barrendero. Todos fueron sacerdotisas, guerreros, Napoleón.

Saber que habrá otros cuerpos no responde a qué es uno. Lo aplaza.

Y se pierde de vista lo que la palabra quiere decir. Saṃsāra no es una palabra glamurosa, aunque haya un perfume que se llame así. Es devenir: volver a empezar de cero, con unos padres que a veces no son gran cosa, otra vez el placer y el dolor mezclados. Bien mirado, la reencarnación no es la buena noticia. Es la mala.

Más en Saṃsāra.

El karma no se agota

Hay quien piensa: si el problema es el karma, que se acabe. Que fructifique todo y se vacíe la cuenta.

No se acaba. El acumulado es, a efectos prácticos, infinito, y cada acción genera más. Hasta comer y respirar es acción. Quedarse quieto tampoco lo vacía.

No hay salida en querer que se acabe el karma. La salida es ahora, en esta vida, quitando la ignorancia.

La Gītā lo dice con una imagen: como el fuego encendido reduce la leña a cenizas, el fuego del conocimiento reduce a cenizas todos los karmas (4.37). No los borra de la cuenta. Hace que se vean por lo que son.

El karma acumulado deja de tener a quién alcanzar. El nuevo no se acumula, porque falta el sentido de ser el autor. Y el comenzado sigue su curso hasta que se agota el cuerpo. Al sabio le duele la rodilla igual que a cualquiera. Lo que no hace es sacarle de su centro.

Lo que no nace

Todo lo anterior habla de cuerpos que van y vienen. El Vedanta se interesa por otra cosa.

na jāyate mriyate vā kadācin nāyaṃ bhūtvā bhavitā vā na bhūyaḥ
ajo nityaḥ śāśvato’yaṃ purāṇo na hanyate hanyamāne śarīre

«Este nunca nace, ni muere. […] Es no nacido, eterno, no sufre cambio alguno y es siempre nuevo; cuando el cuerpo es destruido, él no es destruido.» (2.20)

La ola sube, baja y vuelve a subir. Sigue siendo agua. El problema no es que haya olas. El problema es que la ola no se ve como agua, sino solo como ola. Eso es lo que mantiene los ciclos de nacimientos y muertes.

Por eso la pregunta de fondo no es «¿quién fui en mi otra vida?». Es «¿qué hay en mí que no ha nacido?». La primera alimenta el devenir. La segunda lo deshace.

Lo que la reencarnación no es, según el Vedanta

No es lo central. La teoría del karma y del renacer se explica para entender el problema, no para quedarse en ella.

No es un consuelo. Saber que seguiré no me dice quién soy.

No es un castigo divino. Cada uno recoge su propio karma; la causa de fondo es la ignorancia.

No es una garantía de volver como ser humano. El nacimiento humano no viene asegurado. Por eso la tradición pide aprovechar este.

No es algo que haya que recordar. Conocer vidas pasadas, por regresión o por cualquier otro medio, no arregla el problema fundamental. Saber si fui Napoleón no me hace sentirme completo.

No es una carrera de almas viejas y jóvenes. El individuo no tiene comienzo.

La visión completa de los tres cuerpos, de los tres karmas y de lo que no nace se ve en orden, con un profesor de la tradición. Ese camino empieza en el curso gratuito de Vedanta y meditación.

प्रश्नाः

Preguntas frecuentes

¿Qué dice el hinduismo de la reencarnación?

La tradición védica la afirma: el que mora en el cuerpo deja los cuerpos gastados y toma otros, como quien cambia de ropa (Bhagavad Gītā 2.22). Lo que pasa de un cuerpo a otro es el cuerpo sutil, con su karma. Pero el Vedanta no se queda ahí: lo que busca conocer es lo que no nace ni muere (2.20).

¿Qué pasa con el alma después de la muerte según el Vedanta?

Muere el cuerpo físico. El cuerpo sutil —mente, intelecto, capacidades de percepción y acción, impresiones y karma— continúa y toma otro cuerpo. Lo que uno es en esencia, el ātman, no va ni viene: es inmutable, como el que se cambia de ropa y sigue siendo el mismo.

¿Por qué no recordamos nuestras vidas pasadas?

Porque el cuerpo sutil continúa sin el recuerdo. Y es una suerte: recordar todo lo vivido y todo lo que nos hicieron haría la vida imposible. Recordar otras vidas, además, no resolvería nada de lo que importa.

¿Qué son el sañcita, el prārabdha y el āgāmi karma?

Sañcita es el karma acumulado de incontables nacimientos. Prārabdha, la parte que fructifica en esta vida: el cuerpo, las circunstancias, el placer y el dolor que tocan. Āgāmi, el karma nuevo que se genera con las acciones de ahora.

¿Cómo se sale del ciclo de reencarnaciones?

No agotando el karma, que no se agota, sino quitando la ignorancia que lo sostiene: tomarse por un individuo limitado. Con el conocimiento de uno mismo, el karma acumulado no tiene a quién alcanzar y el nuevo no se acumula.

प्रवेशः

Por dónde empezar

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