Prārabdha es el karma que ya ha empezado a dar fruto: la parte del karma acumulado que fructifica en esta vida, en forma de este cuerpo, estas circunstancias y el placer y el dolor que tocan. No depende de lo que uno haga ahora, y tampoco lo decide todo.
Prārabdha es el karma que ya ha empezado a dar fruto: la parte del karma acumulado que fructifica en esta vida, en forma de este cuerpo, estas circunstancias y el placer y el dolor que tocan. No depende de lo que uno haga ahora, y tampoco lo decide todo.
Prārabdha quiere decir «comenzado».
Los tres karmas
El Tattva Bodha (El conocimiento de la Realidad) distingue tres clases de karma.
Sañcita, el acumulado: todas las acciones anteriores, en forma de semilla, de incontables nacimientos. Una cuenta enorme que nadie ve.
Prārabdha, el comenzado:
prārabdhaṃ karma kimiti cet; idaṃ śarīram utpādya iha loka evaṃ sukhaduḥkhādi-pradaṃ yat karma tatprārabdham, bhogena naṣṭaṃ bhavati, prārabdhakarmaṇāṃ bhogādeva kṣayaḥ iti.
«El karma comenzado es la acción que hace que este cuerpo nazca de este modo en este mundo y que cause el placer, el dolor, etcétera. La destruye la experiencia, porque solo la experiencia hace que la acción comenzada se consuma.» (Tattva Bodha 81)
Āgāmi, el que viene: el que se genera ahora, con cada acción hecha con uso de razón, como mérito o demérito (puṇya, pāpa).
Un ejemplo
Nadie hizo nada en esta vida para tener su cuerpo. Ni sus padres, ni su país, ni el carácter con el que un bebé ya llega a los pocos días: dos hermanos de la misma casa, y cada uno es de su padre y de su madre.
Eso es prārabdha. Un lote que toca. Placer y dolor mezclados: no hay prārabdha que sea solo agradable.
Ni todo escrito ni todo voluntad
Aquí se suelen cometer dos errores opuestos.
«Todo está escrito.» No. El prārabdha es el lote, no la partida. Con cada acción de hoy se genera karma nuevo. Lo que uno hace con lo que le toca sí depende de uno.
«Todo depende de mi voluntad.» Tampoco. Hay mucho que llega sin haber movido un dedo, y que no se cambia con pensamiento positivo ni con más esfuerzo. La vida no es aleatoria, pero nadie ve la cadena entera de causas: es como entrar en el cine a mitad de la película.
Entre los dos, la madurez: hacer lo que toca y recibir lo que llega.
El sabio y la rodilla
Hay una creencia muy extendida: el iluminado ya no sufre, ya no enferma, ya no tiene problemas.
La Gītā dice que el fuego del conocimiento reduce a cenizas los karmas (4.37). Pero no todos de la misma manera. En clase lo decíamos así:
«No se destruye el prārabdha karma. No se destruye porque sigue fructificando. […] Si tiene una enfermedad y le duele la rodilla, pues le duele la rodilla igualmente que a ti y que a mí. […] Pero no le saca de su centro, no le saca de su ser. Mantiene su ecuanimidad.»
Si el conocimiento quitara el prārabdha, el sabio se evaporaría. Lo que cambia es otra cosa. El acumulado no tiene a quién alcanzar. El nuevo no se acumula, porque ya no hay sentido de ser el autor. Y el comenzado sigue su curso hasta agotarse con el cuerpo.
Lo que prārabdha no es
No es un destino. Es la parte que ya está en marcha, no todo lo que pasará.
No es un castigo. Cada uno recoge su propio karma, bueno y malo mezclado.
No se agota quedándose quieto. El acumulado no se acaba, y no actuar también es actuar.
No es una excusa. «Es mi karma» no explica por qué no se hace lo que sí depende de uno.
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