Ahaṅkāra es el sentido de individualidad: la noción de «yo» puesta en el compuesto de cuerpo, mente y sentidos; no se elimina, y el error no es tenerlo, sino tomarse por él y pensar «yo soy el que hace».
Dos sentidos de una palabra
En sánscrito, ahaṅkāra tiene un sentido moral. Es el ego egoísta: codicioso, vanidoso, injusto. El que tiene en mente quien dice «tiene mucho ego».
Pero en la enseñanza tiene otro, filosófico. Ahaṅkāra es el yo hecho de cuerpo, mente y sentidos: la persona psicosomática. Una visión de uno mismo que es real en su plano, y que es incompleta.
En este segundo sentido todos lo tenemos, y hace falta. Sin él no habría individuo que viviera.
«Yo soy el que hace»
La Bhagavad Gītā nombra el error en un verso:
prakṛteḥ kriyamāṇāni guṇaiḥ karmāṇi sarvaśaḥ
ahaṅkāravimūḍhātmā kartāham iti manyate«Las acciones son ejecutadas en todos sus modos por los guṇas de la prakṛti; pero aquel cuya mente está confundida por el sentido del yo piensa: «yo soy el agente».» (3.27)
Lo que actúa es el cuerpo, la mente y los sentidos: productos de la materia. Quien queda enredado en esa personalidad, sin verse de otra manera, dice: yo soy el que hace. Y, de ahí, yo soy el responsable de todo, el que lleva la casa a cuestas.
La mano mueve el bolígrafo. La luz que la ilumina no tiene nada que ver con el movimiento. Así es uno con respecto a la acción.
El sabio también lo tiene
Si el sabio no tuviera ahaṅkāra, no estaría vivo. Tiene cuerpo, mente, sentidos, carácter. Conoce muy bien ese mundo.
La diferencia está en cómo lo trata. Sabe que no es eso. Por eso no lo condena, no se machaca por lo que no le gusta de sí, no esconde sus partes menos presentables detrás de un yo ideal de santito. Se trata como a un amigo.
Sus problemas son los de cualquiera. Pero a la luz de lo que sabe, no los magnifica.
Śiva lleva al cuello una serpiente. Para cualquiera, una serpiente es miedo. Para él es un collar. El ahaṅkāra que a otros asusta, quien sabe quién es lo lleva de adorno.
Lo que ahaṅkāra no es
No es algo que haya que matar. Quien se propone acabar con su ego suele añadir un rasgo más al retrato: el de alguien sin ego.
No es el egoísmo, en el sentido filosófico. El egoísmo es una conducta; ahaṅkāra, el sentido de ser alguien.
No es algo separado del ser. La ola no es otra cosa que agua. El ahaṅkāra, por sí solo, es un nombre y una forma que cambia; lo que es, lo es por el ser. Por eso en esta tradición no se desprecia el cuerpo ni la materia.
No es lo que hay que transformar. El Vedanta, en su núcleo, no habla de transformar el ahaṅkāra. Habla de dejar de atribuirse lo que no es de uno.
