Ānanda es la naturaleza ilimitada del ātman, lo que uno es. Junto a sat (existencia) y cit (conciencia) forma la definición sat-cit-ānanda. No es una experiencia de felicidad que viene y se va, sino lo que sostiene tanto los momentos felices como los tristes.
Se traduce casi siempre por «dicha» o «felicidad». Y ahí empieza el lío.
Una palabra que ha confundido a muchos
Swami Dayananda lo dice sin rodeos: la palabra ānanda ha causado mucha confusión, tanto en los buscadores como en los profesores.
La felicidad, sukha, tiene un opuesto: el dolor, duḥkha. Cuando está la una, no está el otro. Si ānanda fuera eso, un dolor de muelas lo desplazaría.
Pero ānanda tiene el mismo estatus que sat y cit. Que uno existe no lo desplaza ningún pensamiento. Que uno es consciente, tampoco. ¿Cómo iba a desplazar a ānanda un estado de ánimo?
Por eso conviene entenderlo como ilimitado, ananta. Lo ilimitado no tiene opuesto. No puede ir y venir.
Tres palabras que no son adjetivos
Sat, cit y ānanda no son tres cualidades del ātman, como «azul, grande y fragante» describen un lirio para distinguirlo de otros.
Son tres palabras que revelan una sola cosa. La existencia de uno es evidente por sí misma: eso es cit. Y esa existencia consciente no tiene límite: eso es ānanda.
Y la alegría de cada día, ¿qué es?
Uno consigue algo que quería y se siente pleno durante un rato. No es una ilusión: la experiencia es real.
Según el śāstra, esa felicidad es una condición de la mente. En ese momento, la situación de sujeto y objeto deja de oponerse a lo ilimitado que uno es. Y por eso aparece la plenitud.
El error es atribuirla al objeto. Si no se ve esto, uno se compromete a buscar esa experiencia con toda la frecuencia y durante todo el tiempo que pueda. Esa búsqueda sin fin es lo que la tradición llama saṃsāra.
El śāstra la frena revelando algo sencillo: lo que uno busca es uno mismo.
Lo que ānanda no es
No es una experiencia especial. Mucha insistencia en «experimentar el ser» viene de creer que es una felicidad extraordinaria. Aunque existiera esa experiencia, ¿cómo sabría uno que esa es la felicidad del ātman?
No es lo contrario de la tristeza. Ānanda sostiene la condición triste igual que la feliz, como el agua sostiene todas las olas.
No es algo que se consiga. No falta. Lo que falta es reconocerlo.
No es un premio para el que medita mucho. Está en el que medita y en el que no.
El desarrollo completo, en palabras de Swami Dayananda, en Ānanda.
