Dhyāna es la meditación tal como la entiende la tradición védica: un ejercicio mental en el que se regulan deliberadamente los pensamientos. Sirve para reunir una mente dispersa y dejarla disponible para el conocimiento. No es el conocimiento ni lo sustituye.
En la tradición también se llama upāsana. La palabra viene de la raíz dhyā, pensar, morar con la mente en algo.
Para qué sirve
En clase lo ordenamos así. A la mente que quiere conocerse le estorban tres cosas.
La primera son las impurezas, mala: los desequilibrios emocionales, psicológicos y morales. Para eso está el karma-yoga.
La segunda es la dispersión, vikṣepa: una vida sin prioridades, empezar un proyecto y no terminarlo, la falta de constancia. Para eso está la meditación. Es el aspecto del enfoque, de morar en algo el tiempo suficiente.
La tercera es la ignorancia de lo que uno es. Para eso no sirve la meditación. Sirve el conocimiento.
La meditación prepara el terreno. No siembra.
Cómo la enseña la Gītā
El capítulo sexto de la Bhagavad Gītā da los pasos. Swami Dayananda los explicaba así, y en todos hay una misma palabra: objetividad.
Uno se sienta erguido, estable y sin tensión. Visualiza unas montañas, el océano, y no quiere que sean distintos de como son. Luego hace lo mismo con las personas: la madre, el padre, la pareja, el que le molesta. No se trata de aprobar lo que hacen, sino de reconocer que así son, y darles la libertad de serlo.
Después, el propio cuerpo, de la coronilla a los pies, visto como es. La respiración, observada sin cambiarla. El nombre de Īśvara repetido mentalmente, japa. Y al final, la propia mente.
El que se sienta así descubre algo sencillo, que Swami Dayananda ponía en una frase: «estoy cómodo siendo yo mismo; no necesito que me consuelen desde fuera».
Las instrucciones completas, en La práctica de meditación.
Dhyāna y nididhyāsana
No son lo mismo. La meditación en general prepara y reúne la mente. Nididhyāsana es otra cosa: asimilar lo que la enseñanza ya ha mostrado, hasta que se vuelva la propia mirada. Va después de escuchar (śravaṇa) y reflexionar (manana), y no se separa de ellos.
Más en Śravaṇa, manana y nididhyāsana.
Lo que dhyāna no es
No es dejar la mente en blanco. Hay pensamientos, y se regulan. Esa es la definición.
No es un medio de conocimiento. Si lo fuera, bastaría con poner carpas de meditación en las facultades. El conocimiento tiene lugar en la mente; la meditación la deja disponible.
No es una técnica de bienestar. Puede relajar, y está bien. Pero su lugar es otro: preparar para comprender.
No es el camino a un estado especial. La liberación no es un estado, porque los estados van y vienen.
No sustituye a la preparación de la vida. Nadie puede decir «yo solo medito y voy a clase» y desentenderse de cómo actúa y cómo recibe lo que le pasa.
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