Mithyā es lo que existe, pero no tiene existencia propia: depende de otra cosa y no se separa de ella. Para el Vedanta, el mundo es mithyā. No es una ilusión que no esté ahí, sino una realidad prestada.
Se opone a satyam, lo que tiene existencia por sí mismo. En el Vedanta, solo Brahman es satyam.
La mala traducción
«El mundo es una ilusión.» Se lee en libros, en tazas y en publicaciones con puestas de sol. Suena profundo y se presta a todo: si nada es real, nada importa demasiado.
No es lo que dice la tradición. Swami Dayananda es muy concreto: si uno camina con los ojos cerrados y no ve el árbol, se choca con él. Si no ve el bache, la rueda lo nota igual. No ver una cosa no la elimina.
El mundo está ahí. Lo que el Vedanta discute no es si existe, sino qué clase de existencia tiene.
Una existencia prestada
La ola existe. Se ve, moja, tumba al bañista despistado. Pero no hay ola sin agua. Lo que tiene de ser lo tiene del agua, y nunca se separa de ella.
Eso es mithyā: lo que no tiene ser por sí mismo, sino que lo toma de algo y no se separa de ello. En palabras del escrito sobre la gran frase «tú eres eso»: todo producto es mithyā, porque no se puede separar del material del que está hecho.
Así es el mundo con respecto a Brahman. La explicación con la vasija y la arcilla, en Māyā.
Dos clases de mithyā
Aquí viene lo que casi nunca se cuenta, y lo que más le toca a uno.
La primera: «es, y por eso lo veo». El árbol, la montaña, el bache. Están ahí tanto si se ven como si no. Es el mundo de Īśvara. Es mithyā, pero es objetivo.
La segunda: «lo veo, y por eso es». Es la de los sueños. Uno sueña una montaña en medio del océano Pacífico, y mientras sueña la montaña es real.
Y no solo pasa durmiendo. Despiertos, tampoco somos del todo objetivos. Bajo la presión del miedo o de lo que sea, uno interpreta. Juan llega serio a la oficina y uno decide que Juan está enfadado con él. Juan tiene sus propios problemas, que no tienen nada que ver con uno. Pero el Juan hostil ya existe: uno lo ha creado.
Que Juan es una persona es objetivo. Que Juan es un mal hombre es subjetivo. Muchas buenas relaciones se destruyen por proyecciones de este tipo, dice Swami Dayananda.
Vivimos en el mundo de Īśvara más un mundo propio y proyectado. Y el sufrimiento viene, sobre todo, del segundo.
Por qué importa
Lo subjetivo desaparece cuando llega la claridad. La serpiente se esfuma cuando se ve la cuerda. El sueño, al despertar. El Juan hostil, cuando se entiende a Juan.
Por eso, dice Swami Dayananda, reducir la propia subjetividad es un proyecto de toda una vida. Y es también la preparación para entender la frase «tú eres eso»: la conclusión «yo soy alguien pequeño, culpable, herido» tampoco es objetiva.
Lo que mithyā no es
No es inexistente. El bache rompe la rueda.
No es falso ni engañoso. El mundo no está ahí para fastidiar a nadie.
No es lo mismo que māyā. Māyā es el poder por el que Brahman aparece como mundo. Mithyā es el grado de realidad de lo que aparece. La propia māyā es mithyā.
No es una invitación a desentenderse. Que algo sea mithyā no lo hace irrelevante. Hay que pagar la factura de la luz igual.
