Prasāda tiene dos sentidos que no se separan: lo que llega a la vida desde Īśvara, el orden que da los resultados de la acción, recibido como un regalo; y la serenidad de quien lo recibe así, porque ya no le presionan sus gustos y aversiones.
Prasāda tiene dos sentidos que no se separan: lo que llega a la vida desde Īśvara, el orden que da los resultados de la acción, recibido como un regalo; y la serenidad de quien lo recibe así, porque ya no le presionan sus gustos y aversiones.
En la India, prasāda es también la ofrenda que se devuelve bendecida después de un ritual: un dulce, una flor, una fruta. El objeto es corriente. Lo que cambia es cómo se recibe.
El verso
rāgadveṣaviyuktaistu viṣayānindriyaiścaran
ātmavaśyairvidheyātmā prasādamadhigacchati«En cambio, quien tiene el órgano interno a su mando, moviéndose entre los objetos con sentidos libres de apego y aversión y sometidos a sí mismo, alcanza la serenidad.» (2.64)
Las dos últimas palabras son prasādam adhigacchati: alcanza el prasāda.
Lo que llega de Īśvara
El primer sentido mira al resultado de la acción. Si el fruto no depende del todo de uno (2.47), viene de algo: del orden de causas y efectos que la tradición llama Īśvara.
Visto así, lo que llega no es un premio ni una afrenta. Es prasāda.
En clase lo explicamos con la comunión. Para quien no tiene fe, la hostia es pan. Para quien la tiene, es el cuerpo de Cristo. La diferencia no está en el objeto. Está en la mirada.
Cuando uno empieza a ver a Īśvara como el orden mismo y el dador de los resultados, cada experiencia puede recibirse como prasāda. Se aceptan las cosas como son, aunque no gusten. Con aceptación, no con resignación.
A esa actitud se la llama prasāda-buddhi, y es la mitad del karma-yoga.
La serenidad que resulta
El segundo sentido mira a la mente. Prasāda es también serenidad, gozo, tranquilidad.
¿Cómo es una persona con miles de deseos que le presionan? Ansiosa, irritada, preocupada, enfadándose por todo, quejándose de todo.
Quien no está a merced de sus rāga-dveṣa está, lógicamente, más tranquilo. No porque se lo proponga, sino como consecuencia.
Y el verso siguiente dice para qué sirve esa calma:
prasāde sarvaduḥkhānāṃ hānirasyopajāyate
prasannacetaso hyāśu buddhiḥ paryavatiṣṭhate«Cuando hay serenidad se produce en él la cesación de todos los sufrimientos; pues en el de mente serena la inteligencia queda pronto firmemente asentada.» (2.65)
La serenidad no es la meta. Es la condición para que el conocimiento se asiente.
Lo que prasāda no es
No es resignación. El resignado se aguanta y rumia. El que recibe algo como prasāda entiende de dónde viene.
No es una pose. No se trata de decirse «voy a ser ecuánime». La ecuanimidad viene de entender que uno no controla todas las variables. Si un proyecto de la NASA con mil ingenieros puede fallar, ¿cómo no va a fallar uno?
No es una confirmación de la propia valía. Si el resultado se toma como prueba de lo que uno vale, entran la frustración y la culpa. Recibido como prasāda, deja la mente libre.
No es no tener expectativas. Sin expectativas no habría ni que levantarse del sofá. El problema es ponerlas por encima de lo que la situación o la persona pueden dar.
El marco completo, en Qué es el karma y cómo funciona y en Karma-yoga.
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