Rāga-dveṣa son los gustos y las aversiones: la atracción hacia lo que agrada y el rechazo de lo que desagrada. Que surjan no depende de uno; caer bajo su dominio, sí. Ahí está el apego.
Rāga-dveṣa son los gustos y las aversiones: la atracción hacia lo que agrada y el rechazo de lo que desagrada. Que surjan no depende de uno; caer bajo su dominio, sí. Ahí está el apego.
Rāga es «atracción, apego»; dveṣa, «aversión». Van siempre juntos, como las dos caras de una moneda.
El verso
indriyasyendriyasyārthe rāgadveṣau vyavasthitau
tayorna vaśam āgacchettau hyasya paripanthinau«En cada objeto de los sentidos hay atracción y aversión. Que uno no caiga bajo el dominio de estas dos, porque son sus enemigos.» (3.34)
Swami Dayananda llama a este verso la clave de la psicología de la Gītā. Y señala lo que no dice: Kṛṣṇa no dijo «no tengas gustos y aversiones». Eso no tendría sentido. Dijo: «que no caigas bajo su hechizo».
Lo que no depende de ti
A uno le gusta una persona y no sabe muy bien por qué. Otra le resulta antipática sin haberle hecho nada. Hay comidas, músicas, climas, gestos.
Todo eso viene de la propia naturaleza, del pasado de cada uno, de lo que se fue grabando desde la infancia sin saberlo. Querer controlarlo es pelearse con la mente. Y quien se pelea con la mente, sale magullado.
Swami Dayananda pone un ejemplo. Un plebeyo se enamora de la princesa. No puede ni entrar en el palacio. ¿Qué hace con su amor? Puede tenerlo, pero no proceder con él. Si es sensato, lo deja estar. Si no, va tras él y sale apaleado.
Lo que sí depende de ti
La voluntad no está para decidir qué se siente. Está para decidir hasta dónde se va con lo que se siente.
Los gustos y las aversiones no son el enemigo. Lo que los convierte en enemigos, dice Swami Dayananda, es caer bajo su hechizo. Cuando uno se entrega a ellos, deja de hacer lo que toca y hace lo que no toca. Le roban el juicio, como ladrones.
Por eso se puede tener gustos y vivir con libertad. Lo uno no excluye lo otro.
El apego que se vive como ansiedad
Hoy se habla mucho del apego ansioso: el miedo a que el otro se vaya, la necesidad de confirmación constante, el mensaje sin responder que arruina la tarde.
Se suele tratar con más gestión: entender el propio estilo de apego, regular la emoción, comunicar mejor. Todo eso puede ayudar. Pero deja intacta una pregunta: ¿por qué la presencia del otro pesa tanto?
En clase lo explicamos con un cachorro de la calle que seguía a uno durante un buen rato, mirándolo como diciendo «tú eres mi madre, ¿verdad?». Esa mirada que busca en otro la aprobación, sentirse querido, válido, aceptado, es la de casi todos. Y nace de no sentirse del todo a gusto con uno mismo.
Mientras uno se vea incompleto, el otro será la pieza que falta. Y una pieza que falta da miedo perderla.
El rāga no es el problema de fondo. Es la forma que toma una carencia que nadie ha examinado. Por eso no se resuelve gestionando mejor el rāga, sino viendo de dónde viene esa sensación de carencia. Eso ya no es psicología: es la pregunta por lo que uno es.
Lo que rāga-dveṣa no es
No es un defecto que haya que eliminar. Todo ser humano los tiene. Hasta los devas, dice Swami Dayananda.
No es lo mismo que amar. Se puede querer a alguien sin estar bajo el hechizo del rāga.
No se vence reprimiendo. Lo que se intenta no pensar, más se piensa.
No se vence dándole todo lo que pide. Cada gusto satisfecho deja otro detrás.
Más en Placer y dolor: la memoria que decide lo que buscamos y en Apego y desapego según Vedanta.
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