Krodha es la ira. Según la Bhagavad Gītā, no es una emoción aparte: es el mismo deseo, kāma, que al encontrar un obstáculo se vuelve contra él. Por eso su fuerza la da lo que uno quería, no lo que se interpuso.
Krodha es la ira. Según la Bhagavad Gītā, no es una emoción aparte: es el mismo deseo, kāma, que al encontrar un obstáculo se vuelve contra él. Por eso su fuerza la da lo que uno quería, no lo que se interpuso.
En la Gītā aparece casi siempre junto a kāma, el deseo. No por casualidad.
El verso
dhyāyato viṣayān puṃsaḥ saṅgasteṣūpajāyate
saṅgāt saṃjāyate kāmaḥ kāmāt krodho’bhijāyate«En el hombre que se detiene a pensar en los objetos nace el apego hacia ellos; del apego nace el deseo, y del deseo nace la ira.» (2.62)
Más adelante, cuando Arjuna pregunta qué empuja al ser humano a hacer lo que no quiere, Kṛṣṇa contesta: «es el deseo, es la ira», kāma eṣa krodha eṣa (3.37). Dos nombres para una misma fuerza.
Cómo nace
Para crear un deseo basta poco. Swami Dayananda pone el ejemplo del folleto de un crucero que llega por correo. Uno lo mira de pasada. Llega el segundo folleto, vuelve el recuerdo agradable del primero, y aparece el deseo.
El deseo no es el problema. Muchos se cumplen. El problema llega cuando no se cumple.
Entonces, dice Swami Dayananda, el deseo mismo se convierte en ira. No es otra cosa que se añade. Es el mismo deseo, desviado contra lo que se interpone entre uno y lo que quería. Lo compara con el vino que se vuelve vinagre: los dos están hechos de la misma uva.
Por qué la ira no la pone el otro
Si uno no esperaba nada, no hay ira. Si sabía que el otro quizá no lo haría, tampoco. Pero si lo esperaba, la ira llega, se exprese o no.
Y su tamaño no depende del obstáculo. Lo que decide la magnitud de la ira es la intensidad del deseo, no el objeto. Por eso la misma tontada a uno le resbala y a otro le arruina el día.
El que se cuela en la cola, el coche que no arranca en el semáforo, el hijo que no recoge la habitación: son el blanco, no la causa.
Lo que krodha no es
No se resuelve conteniendo el estallido. Uno se aguanta, y la ira hierve por dentro, hasta que un día sale como un volcán. Reprimirla no es resolverla.
No se controla una vez que ha llegado. En la ira falta el discernimiento: no se sopesa si algo es correcto o no, sale lo primero que sale. Como dice Swami Dayananda, el control solo es posible antes de la ira; después, lo que pasa es historia.
No se evita dejando de desear. No se trata de suprimir el deseo, sino de quitarle el aguijón. Esperar que todo salga como uno quiere no es una expectativa realista: nace de los gustos y aversiones, rāga-dveṣa.
No es lo mismo que la firmeza. Se puede actuar con decisión, y hasta combatir cuando toca, sin ira.
Cómo se corta la cadena antes de que llegue, en Cómo controlar la ira según la Bhagavad Gītā.
Términos relacionados: Rāga-dveṣa · Karma · Viveka · Saṁsāra
