Los Vedas son la revelación de la tradición india, śruti: cuatro colecciones —Ṛg, Yajur, Sāma y Atharva— que la tradición no atribuye a ningún autor y que se transmiten de maestro a discípulo. No son un libro de creencias, sino un medio de conocimiento para lo que los sentidos y la inferencia no alcanzan. Cada Veda tiene dos secciones: la de la acción y la del conocimiento, que es el Vedanta.
La palabra suena a cosa antigua y lejana. Himnos, sacrificios, sacerdotes. Algo que se estudia en la universidad o que se reverencia sin entender.
Ni lo uno ni lo otro. Para quien los recibe en su tradición, los Vedas son algo muy práctico: un instrumento.
Un instrumento de conocimiento
Todo lo que se conoce se conoce por un medio, un pramāṇa. Los colores, con los ojos. Los sonidos, con los oídos. El fuego que no se ve, por el humo, por inferencia.
La tradición reconoce cinco medios así: la percepción, la inferencia, la presunción, la analogía y la ausencia de aprehensión. Y un sexto: las palabras del Veda.
Swami Dayananda explica por qué son un medio independiente. Lo que el Veda enseña cumple tres condiciones:
- No está al alcance de los otros medios (anadhigata). Si se pudiera saber por percepción o por inferencia, el Veda no haría falta.
- No puede ser contradicho por ellos (abādhita). Y si contradijera algo que se conoce de otro modo, quedaría refutado.
- Revela algo útil (phalavat).
Un medio de conocimiento no se verifica con otro, igual que los ojos no se verifican con los oídos. Se usa, y se entiende en lo que revela. Más en el glosario Veda.
Revelados, no escritos
Para la tradición, los Vedas no los compuso nadie. Fueron revelados a los ṛṣis. Un ṛṣi es alguien que ve, pero no con los sentidos: el conocimiento le es revelado. Por eso a los Vedas se les llama śruti.
Y no son una moda. Han superado la prueba del tiempo. Se han transmitido durante generaciones, de boca en boca y con reglas precisas de pronunciación y de tono, porque una tradición oral solo sobrevive si se cuida cada sílaba.
Cuatro Vedas, dos secciones
Los Vedas son cuatro: el Ṛg Veda, el Yajur Veda, el Sāma Veda y el Atharva Veda.
Cada uno se divide en dos secciones.
La primera es el karma-kāṇḍa, la sección de la acción. Trata del dharma, la ética religiosa; de los rituales, las oraciones y las meditaciones; y de las acciones con las que se obtienen seguridad y placer, aquí o después. Es muy extensa, porque los deseos humanos son muchos.
La segunda es el jñāna-kāṇḍa, la sección del conocimiento. Trata un solo deseo, el de liberación, y un solo tema: uno mismo. Está al final de los Vedas, y por eso se llama Vedānta, el final o la conclusión de los Vedas. Son las Upaniṣad.
Más sobre esa segunda sección en Qué es Vedanta y en Qué son las Upaniṣad.
Lo que todo ser humano busca
Las dos secciones responden a lo que todo ser humano busca. La tradición lo resume en cuatro fines, los puruṣārthas: dharma, la ética; artha, la seguridad; kāma, el placer; y mokṣa, la libertad.
La primera sección de los Vedas atiende a los tres primeros. Enseña qué hacer para conseguir lo que se desea, y cómo hacerlo bien.
La segunda atiende al cuarto. Y aquí cambia todo: mokṣa no se consigue con acciones, sino con conocimiento. En la primera sección, el conocimiento dice qué hacer para obtener un fin que aún no se tiene. En la segunda, el conocimiento es el fin, porque lo que se busca ya se tiene, y no se reconoce.
Ver Los cuatro puruṣārthas y el glosario puruṣārtha.
El cielo no es la meta
El Veda habla de cielos, y enseña cómo llegar a ellos. Swami Dayananda dice con humor que el propio Veda hace «promoción turística» del cielo.
Pero el mismo Veda advierte de sus límites. El cielo es temporal: se va y se vuelve. Y allí también hay jefe y rangos, y comparaciones. No es el destino final.
El Vedanta no habla del cielo. Habla del que quiere ir al cielo.
No es un libro de creencias
Esta es la confusión más extendida, y la más importante de deshacer.
Lo que el Vedanta dice de uno mismo no se acepta por fe. Se verifica. Swami Dayananda lo dice así: mientras escuchas las palabras, verificas el hecho por ti mismo, porque se está hablando de ti.
Otras cosas que revela el Veda, como un cielo, sí quedan fuera de toda comprobación, porque están más allá de los demás medios de conocimiento. Pero lo que importa para la liberación, quién es uno, está siempre a mano: es el que escucha.
Los textos que dependen de los Vedas
Alrededor de los Vedas hay una literatura inmensa que se apoya en ellos sin ser ellos: la smṛti, «lo recordado».
La Bhagavad Gītā no forma parte del Veda: está dentro del Mahābhārata. Pero recoge su enseñanza como si fuera una Upaniṣad, y por eso es uno de los tres textos de base del Vedanta, junto a las Upaniṣad y los Brahma Sūtras.
Los Yoga Sūtras de Patañjali también son smṛti: recogen lo que ya está en los Vedas. Lo explicamos en Yoga Sūtras y Vedanta.
Cómo se estudian
Los Vedas no rinden su sentido a quien los lee por libre. Están hechos para ser desplegados por un maestro que los recibió de otro, en un orden y con un método.
Y no hace falta empezar por los himnos ni por el sánscrito. La tradición empieza por obras introductorias, como el Tattva Bodha, que dan el vocabulario y el mapa. Después vienen la Gītā y las Upaniṣad.
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