Diez temas de filosofía que un profesor de yoga puede llevar a sus clases, sacados de la Bhagavad Gītā y de la tradición del Vedanta: la ecuanimidad (samatva), tolerar los opuestos, la mente que se va y vuelve, el yoga como preparación, el desapego como objetividad, dónde está la elección, no imitar, el ego que no se mata, el sentido de Oṃ y lo que se descubre en śavāsana. Cada uno, con su verso o su término y una forma de decirlo en la esterilla.
No hace falta convertir la clase en una charla. Muchas veces basta una frase bien puesta, en la postura que cuesta o al final, tumbados. La filosofía del yoga no es un añadido: es el sentido de lo que se hace.
1. Samatva: el yoga es ecuanimidad
samatvaṃ yoga ucyate, «a esa ecuanimidad se la llama yoga» (Gītā 2.48).
Para la Gītā, yoga es quedar entero ante el éxito y el fracaso. Quien practica la ecuanimidad es un yogui, aunque no se haya puesto nunca el pantalón corto para hacer posturas.
En la esterilla: la postura que sale y la que no sale son la misma ocasión. El yoga no está en llegar al suelo, sino en cómo se recibe no llegar.
2. Tolerar los opuestos
El frío y el calor, el placer y el dolor «vienen y se van, no son constantes: sopórtalos» (2.14). Y quien permanece igual en el placer y en el dolor «es apta para alcanzar la liberación» (2.15).
En la esterilla: llega Vīrabhadrāsana y alguien piensa «esta cuesta mucho, no la hago». Si en el āsana solo se hacen las posturas que gustan, probablemente en la vida se haga lo mismo. La postura es un pequeño laboratorio de cómo se recibe lo desagradable.
3. El éxito no es salirse con la suya
Sukha y duḥkha, ganancia y pérdida, victoria y derrota, «como iguales» (2.38). La sociedad dice que el éxito es que todo salga bien. La Gītā dice que el éxito es quedar compuesto, no desintegrado, ante lo que salga.
En la esterilla: nadie hace la postura «bien» siempre. La frustración no la causa la postura, sino la expectativa que se le ponía.
4. La mente se va, y se la trae de vuelta
El profesor dice «rótulas arriba». La atención se va, las rótulas bajan. Aparece un pensamiento: «he quedado a las nueve». No es nada místico: hay que traer la mente otra vez a las rótulas. La tradición llama a esa atención sostenida samādhāna.
En la esterilla: si uno ha traído la mente de vuelta sesenta veces, eso es lo que ha ganado ese día. No que la mente no se haya ido. Lo mismo vale para el japa: ver qué es un mantra.
5. El yoga es preparación
na hi jñānena sadṛśaṃ pavitram iha vidyate, «no existe aquí purificador comparable al conocimiento» (4.38). No dice «comparable a la práctica».
El āsana y el prāṇāyāma coordinan el cuerpo, la mente y los sentidos, los integran y los reordenan. Son medios indirectos. El medio directo es el conocimiento de uno mismo.
En la esterilla: «me sienta bien, pero sigo con las mismas dudas» no es un fracaso de la práctica. Es la señal de que la práctica ha hecho su parte. Ver Para qué sirve el yoga.
6. Āsana significa asiento
En los Yoga Sūtras, āsana es sentarse para meditar, no una lista de cientos de posturas. Y Patañjali no inventó el yoga: recogió lo que estaba en los Vedas.
En la esterilla: un buen momento para decirlo es al sentarse al final. Lo que se ha hecho durante una hora preparaba esto: poder estar sentado, quieto, con la mente recogida. Ver Yoga Sūtras y Vedanta.
7. Vairāgya: el desapego es objetividad
Vairāgya no es frialdad ni apartarse de las cosas. Es objetividad: no dar a nada un valor que no tiene.
En la esterilla: la postura que hoy sale y mañana no, el cuerpo que se cansa, la flexibilidad que se pierde con los años. Valorarlo en su justa medida es vairāgya. Ver Apego y desapego según Vedanta.
8. La elección está en la acción
karmaṇy evādhikāras te mā phaleṣu kadācana, «tu elección está solo en la acción, nunca en sus resultados» (2.47).
Uno elige hacer la postura, no hacerla o hacerla de otro modo. Sobre el resultado no elige. Eso es la base del karma-yoga.
En la esterilla: poner la mejor intención en el gesto, y recibir el cuerpo de hoy como viene.
9. No imitar
El sabio también actúa de acuerdo con su naturaleza (3.33). Y «mejor es el propio dharma, aunque imperfecto, que el dharma ajeno bien cumplido» (3.35).
En la esterilla: mirar al de al lado, o al vídeo del profesor famoso, para hacer su postura y no la propia, es una forma pequeña de vivir el dharma de otro. Ver svadharma.
10. El ego no se mata
«Quien está confundido por el ahaṅkāra piensa: yo soy el que hace» (3.27). El ahaṅkāra, el sentido de ser alguien, no se elimina. El sabio también lo tiene; lo que no hace es tomarse por él. Śiva lleva la serpiente al cuello como un collar.
En la esterilla: «tengo que dejar el ego fuera» suele añadir otro ego, el del que no tiene ego. Basta con notar quién se atribuye la postura. Ver ahaṅkāra.
Y dos para empezar y terminar
Oṃ. No es «el sonido primordial» ni una vibración mágica: es el nombre del Señor, lo que todo lo sostiene, y como sonido reúne a todos los demás. Si se canta al empezar, conviene que se sepa qué se canta. Ver Oṃ.
Śavāsana. Si se ha hecho una buena práctica y el cuerpo está cansado, en śavāsana no hace falta pensar ni crear nada. Uno es. Ahí se abre un resquicio para la frase más rara de la Gītā: na jāyate mriyate vā, «no nace ni muere» (2.20). No para creerla: para que quede sonando.
Cómo dar estos temas sin dar una charla
Una idea por clase. Dicha en el momento justo, en una o dos frases. Y nunca como moral para el alumno, sino como algo que el profesor también está mirando.
Y si algún alumno pregunta «y todo esto, ¿para qué?», la pregunta merece una respuesta seria. La tradición la tiene, y no es breve.
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